"Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar; pero amar y ser feliz es algo prodigioso." Honoré de Balzac


sábado, 14 de mayo de 2011

Vuelvo al blog

Yo tenía un blog que se llamaba En las nubes, al pie de la colinas de Ngong...

Recuerdo el día que Antonio Cambronero, de Blogpocket, me escribió para pedirme un post porque iba a ser su BlogGuest número 41.

http://www.blogpocket.com/2003/03/10/blogguest-41-en-la-nubes/

Eran los tiempos en que leía a Ceci, a Efímera, al Lado zurdo, al Ogro del Jardín 1003, a Trafalgar Sur, Awacate, a Tinta China, a Qué trabajo nos manda el señor, a los blogs de Tijuana, a Paz y al Mentiroso... Y muchísimos más.

Eran los tiempos en que te pasabas el día leyendo blogs y comentando.

Yo tenía un comentador oficial, Julián H. que seguro que vuelve porque él nunca se fue.

Yo tampoco. Ser blogger es una forma de estar en mundo y un vicio que no tiene remedio. Aunque dejara el blog, porque perdí la motivación que hace falta para postear a diario, no he dejado de tener una actitud bloguera, léase egomaniaca, en mi participación en la Red.

Sí, porque del blog me pasé a los foros. Estuve dando bandazos de aquí a allá, hasta que recalé en Autoras en la Sombra, en su foro, y encontré mi sitio, mi lugar en la red. Soy Kaguya-Hime. Y soy una sombra.

Un día tan cualquiera como memorable, buscando información sobre Bridget Jones, me topé con la web que me cambió la vida.

Me colé en su foro, de tapadillo, y un universo entero se abrió ante mí.

De repente, un montón de mujeres vitales y divertidas, y un subgénero que ni sabía que existía. Sí, bueno, yo tenía una compañera en BUP, Conchita, que devoraba las novelas de Victoria Holt, pero por aquel tiempo yo leía a Camus, yo era una chica seria a la que le importaba demasiado lo que pensarán de ella.

En fin, que yo tenía todos los prejuicios del mundo, que era una petarda gafapastas, cuando entré por primera vez en Autoras en la Sombra. Juró que no sé qué pasó... No puedo explicarlo. O sí. Fueron ellas. Todas esas mujeres maravillosas que no paraban de hacer recomendaciones, que no paraban de reírse, que eran libres y que no tenían prejuicios.

Y soñé con ser una de ellas.

Y empecé a leer romántica. Sin parar.

Y descubrí que había subgéneros romanticosos, que había novelas históricas, paranormales, contempóraneas... Y a Jaid Black y sus fumadas de setas.

Y comentaba y comentaba. Y metí en el club de lectura, el Club de los Poetas Muertos...

Así hasta que un día, dos años después, me propuse no solo leer novelas románticas sino también... escribir.

Contar mis propias historias de amor, a mi manera, y que Dios me cogiera confesada.
He tenido mucha suerte. He escrito tres novelas románticas desde entonces: la primera la publica El Maquinista, la segunda, ha ganado el Premio Internacional de Novela Romántica de Seseña, y la tercera está empezando su periplo editorial.

Soy Gema Samaro.

Y encima pertenezco a Adarde, la Asociación Española de Escritoras Románticas.

Jezz Burning me pidió una web, un blog, algo, para colgar en la web de Adarde y yo no tenía nada...

Por eso no me ha quedado otra que, casi diez años después, volver al blog.

Confieso que no es la primera vez que he intentado volver. Me he creado otros blogs que apenas han vivido tres entradas, demasiada nostalgia como para seguir posteando...

No sé qué será de Gema Samaro, blog.

Es el nombre con el que voy a publicar las novelas románticas que escribo. Me he puesto ese nombre por mi tío Santiago, SAntiago MARtínez Ollero...

En el verano de 2009, cuando él estaba muy grave en la UCI del Hospital de San Juan, se me ocurrió jugar con las letras de su nombre... Y apareció: Samaro. Una ciudad de Pakistán, un nombre que suena a éxotico y decadente, pero que sobre todo es un ángel pegado a mi nombre, para siempre.

Me pareció el mejor seudónimo que puedo tener, y más después de los aparatosos y ridículos apellidos que llegué a barajar en su día.

Poco más puedo decir, y nada más debo decir.

Bueno sí, los viejos blogueros nunca mueren.

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